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martes, 14 de marzo de 2017

Marzo2017/Miscelánea. A ESA ANCIANA VENERABLE.

Dibujo de Antonio Gimeno Gracia, en Xiloca, julio de 1991
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Este rostro de aradas milenarias, de volcán apagado y sima ciega, son las huellas que dejaron las pisadas. Son agujas que clavaron como estacas los olvidos, la distancia y esa voz que ahora, a menudo, lanza gritos como madre; como fiera que desgarra y que desangra. Es la tierra turolense que aún pervive y, sin remedio, ya se muere envuelta en cielo negro y agua muerta. Ha pasado  y ha pesado su abnegado latir en tantos  siglos de abandono y de silencio. Madre mía y madre tuya, Teruel,  cansada y vieja. Curtida al aire puro de los páramos yertos, de los inviernos crudos. Mujer, patria nuestra de carbón, de hierro, de plata, chopo y trigo puro cultivado en la ribera de los ríos. Despierta al aire, al silbo del pastor entre los montes. Al olor de la sierle en las majadas. Al romper de la hora en la callada tierra de Calanda. El silente Maestrazgo aún navega, en las esquinas y en las torres milenarias. Y, la veleta, gime y ronca óxido y voz de una tierra que retumba. Madre, Teruel. Patria y madre. Soporte y fundamento de la vida. Alarga la agonía al infinito y más allá, pero… no mueras. No nos dejes sangrando las entrañas y esperando otra vida que no es vida, si tu mueres.