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miércoles, 11 de marzo de 2015

Marzo2015/Miscelánea. LA PLAZA MAYOR DE MONREAL DEL CAMPO

LA PLAZA MAYOR DE MONREAL DEL CAMPO
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Comprendida entre la calle del Castillo y la de San Juan Bautista de la Salle es un espacio que adolece de uniformidad y armonía. Quizás la razón de encontrarnos en un espacio tan poco acogedor y tan poco definido urbanísticamente se deba a los avatares históricos que ha sufrido la población en general y este espacio en particular. Aunque, también podría argumentarse que, debido a ello, podría haberse dispuesto, en su tiempo, una mejor distribución y armonización de los volúmenes levantados sobre un solar que tiene unas dimensiones suficientes para este tipo de población.
Mirando la plaza desde el castillo, el primer tramo, limitado a la izquierda por la iglesia se asemeja más a una calle que a una plaza propiamente dicha. La parte derecha se alinea  y remata al fondo con edificio renacentista  y la Casa de la Cultura, edificios particulares que quedaron sin dañar. Sin embargo, tanto la iglesia como el Ayuntamiento podrían haberse dispuesto de manera que definieran mejor un espacio público que suele ser también foro, epicentro y lugar de encuentro de la población.
Todo parece que empezó en la primera mitad del siglo XIX y así se relata en el Madoz, al ser, Monreal, una población muy castigada durante la Primera Guerra Carlista: "Durante la última guerra, este pueblo sufrió varias incursiones de los carlistas. En el mes de setiembre de 1839 a pretesto de quererlo fortificar el general O. Donel, el gefe carlista Llagostera mando demoler la iglesia, la torre, las casas del Ayuntamiento y todos los edificios que formaban la plaza principal, la ermita de Santa Bárbara y un castillo antiguo próximo a ella. En 6 de mayo de 1840 fueron atacados los nacionales que se fortificaron en ella, por 800 infantes y 450 caballos mandados por Balmaseda y Palillos, más como no pudieron hacerlos rendir incendiaron sobre 100 casas, saqueando toda la parte del pueblo que pudieron dominar."
Por todo ello y como consecuencia de tales actos, la iglesia se reconstruyó en el siglo XIX. Destaca en el Jiloca porque, aunque su estructura es barroca, carece de altares antiguos y todos ellos son neoclásicos, es decir propios del siglo XIX. Solamente se salvaron algunas figuras de los siglos XVI, XVII y XVIII.
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Restos de la anigua iglesia.
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Museo del Azafrán
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Casa de doña Concha
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